Desperté la mañana de Todos los Santos con la certeza de que había alguien en casa. La noche de Halloween había terminado, pero algo seguía allí. Lo escuchaba arrastrarse por el salón.
Avancé por el pasillo. Al encender la luz, me quedé sin aliento.
Vasos volcados. Cojines por el suelo. Migas extendidas sobre la alfombra como los restos de un ritual. Una sustancia pegajosa brillaba en la mesa. Quise convencerme de que solo necesitaba una buena limpieza después de Halloween.
Entonces, algo se movió detrás del sofá.
No estaba a solas
Primero vi la sombra. Después, dos ojos burlones entre una nube de polvo. La criatura se alzó lentamente, envuelta en pelusas y jirones de telaraña.
Lo supe sin que pronunciara su nombre: era el fantasma del desorden.
A sus pies, pequeños seres correteaban entre los restos de la fiesta. Uno dejaba huellas sobre las baldosas. Otro sacudía las migas de un plato. Un tercero me miró mientras derramaba, muy despacio, lo que quedaba en un vaso.
Retrocedí. El corazón me golpeaba las costillas.
La sombra avanzó.
La tarjeta del estante
Busqué algo con lo que defenderme. Mi mirada tropezó con una tarjeta de visita en un estante del mueble del salón. La cogí con los dedos temblorosos.
«Servinalopó – Servicios de Limpieza y Desinfección. Elda y Petrer.»
Debajo figuraban un teléfono, 965 391 245, y un número de WhatsApp.
Saqué el móvil. Marqué el teléfono.
Sonaron tres golpes en la puerta.
Todavía tenía el móvil pegado a la oreja cuando me acerqué a la mirilla. Al otro lado, una chica con uniforme color mostaza me sonrió.
Por primera vez aquella mañana, respiré.
El último escalofrío
Abrí. Cuando comenzó la limpieza, creí ver al fantasma retorcerse sobre la alfombra. Sus secuaces se deshicieron en el aire, uno tras otro. Con cada superficie limpia, la casa volvía a ser mía.
Desde entonces, guardo aquella tarjeta a mano. Si necesitas una limpieza después de Halloween en Elda o Petrer, contacta con Servinalopó.
Yo no esperaría a que las pelusas empezaran a mirarte.